No es menos cierto que son pocos los predictores validados que permiten ser considerados como herramientas de previsión de largo plazo y de un nivel aceptable. En este sentido el ENSO (El Niño/La Niña), es el forzante oceánico con influencia sobre la circulación atmosférica mas estudiado y con impactos mas evidentes en la estadísticas pluviales y térmicas.
Si en el ambiente académico hay cuestiones que pueden considerarse obvias respectos de este tipo de pronósticos, el productor debe tener en claro que cuando se pretende plantear un escenario climático de largo plazo para una región de suma importancia agrícola como es la Argentina o en general todo el sudeste de Sudamérica, es necesario encontrar indicadores de escala planetaria. Justamente, la distribución de lluvias sobre una vasta zona depende sustancialmente de los flujos de humedad de gran escala, cuya modificación tiene un potencial impacto sobre la futura distribución de las lluvias al considerar al menos un trimestre. El día a día es marcado por indicadores de escala regional y el pronóstico de corto plazo ya ha ganado la suficiente calidad como para plantear las estrategias laborales. A diferencia de los pronósticos de corto y mediano plazo, los de largo plazo son muy importantes a la hora de fijar estimaciones de producción para las grandes empresas privadas vinculadas a la producción granaria o también para las instituciones del estado. A nivel de productor, también es importante trabajar con una expectativa de rendimiento adecuada, para minimizar el nivel de ansiedad que siempre ha generado la variable climática. Eventualmente, incluso pueden tomarse decisiones tecnológicas para optimizar el desarrollo de los cultivos dentro de un potencial contexto climático.
La actualidad marca que el escenario La Niña está instalado como indicador de escala planetaria. Como decimos este es un elemento de fondo y a medida que se desarrolla el semestre calido su influencia sobre la distribución de precipitaciones se modera o se agiganta de acuerdo a su interacción con factores de escala regional.
¿Es esta una situación de alarma? ¿Volverá la sequía 08/09? La información sin sustento que muchas veces circula en los medios masivos de distinto soporte, es la que mayor grado de nerviosismo genera en la plaza. Claro está, muchas veces esta ansiedad la captan los mercados y esto se refleja en los precios. Entonces, ¿sobre que escenario debemos trabajar la campaña de granos gruesos y la floración de la fina?
Al hacer el análisis estadístico del patrón pluvial del trimestre septiembre noviembre, es decir el trimestre de la primavera, bajo escenarios La Niña, aparecen generalizados corrimientos negativos en la oferta de agua. Es decir, en primera instancia hay que considerar las lluvias normales como techo para el trimestre de primavera. Sin embargo como es sabido, la distribución temporal de las precipitaciones tiene mucho impacto en el desarrollo de los cultivos de invierno y van definiendo la agenda de las siembras de la gruesa. Aún con un panorama deficitario, las condiciones actuales de reserva sobre el este serían satisfactorias para la floración del trigo. Posiblemente las siembras de maíz también logren avanzar sin mayores dificultades, planteándose para la soja un panorama más irregular. Claramente este concepto se modifica al considerar la situación de las zonas mediterráneas. El margen de reservas es mucho menor y la zona queda expuesta al normal comienzo de las precipitaciones en la segunda quincena de septiembre. Es entonces este sector el que en principio puede sufrir con mayores consecuencias el impacto de La Niña. Que el sector quede más condicionado para el normal comienzo de la gruesa no quiere decir que la misma no pueda tener una performance aceptable. Deben sin embargo, adecuarse las expectativas a un contexto climático desfavorable que seguramente impondrá corrimientos respecto de las fechas de siembras consideradas óptimas. En este sentido, es probable que el maíz de ciclo largo tenga condiciones poco favorables para su implantación.
La aparición del máximo pluvial de octubre y principios de noviembre, irá definiendo el impacto de La Niña y la eventual aparición de factores de escala regional que lo moderen o lo potencien. En principio hay un indicador de fondo que hay que considerar desfavorable para la oferta pluvial de primavera.
Por CCA - exclusivo Agrositio.com
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